"La Teta Asustada" competirá por el Óscar este 7 de marzo
La semana pasada, algo histórico para el arte peruano ocurrió: por primera vez, una película nacional fue nominada al Oscar. No nos llevamos la estatuilla, pero nos llevamos el orgullo de haber estado entre las grandes. Nos llevamos la esperanza de que sí se puede, la confianza de que tal vez algún día, el premio a la mejor película extranjera en los premios de la Academia será nuestro.
 La Teta Asustada es una película simbólica, profunda, pero sobretodo, muy peruana. A través de sus personajes nos acerca a realidades abismalmente distintas que conviven y convergen en nuestro país. Realidades complejas, fruto de mezclas culturales, de nuestra historia experimentada de maneras distintas. La cultura de los Andes mediante la madre de Fausta; la realidad de quienes alguna vez fueron migrantes andinos pero son ya limeños, a través de Fausta; y el mundo de la señora de la Lima rica, indiferente, ajeno y cercano a la vez al Perú a su alrededor.
Fausta, que padece de una enfermedad conocida como la teta asustada, causada en sus primeros días por los maltratos y violaciones a su madre durante la época del terrorismo, es una mujer que vive con miedo, que carga en sus hombros el pasado de dolor de su madre, el sufrimiento. La película relata su lucha por enterrar dignamente el cuerpo de su difunta madre en su tierra natal, pero la pobreza y el miedo dificultan su camino. Finalmente, aunque no como ella lo había planeado, deja ir a su madre y así se acerca a su libertad, simbólicamente frente al mar de la ciudad que sin que se de cuenta se ha convertido en su hogar.
La trama, como explica su directora, “habla de entendimiento, de reconciliación, de perdón. Intento sacar temas que están subyacentes al imaginario colectivo de este país, y quieran o no, están ahí”. Ciertamente, mediante la música, el quechua y la cultura popular limeña, Llosa nos muestra de manera muy real un Perú que muchas veces pasa desapercibido. Que una película que retrata una realidad tan local, con simbolismos propios y que convierte a pobladores comunes en actores, haya llegado tan lejos, es sin duda un reconocimiento a la capacidad de transmitir un mensaje humano que ha podido cautivar a audiencias tanto locales como extranjeras.
Nuestra película, elegida entre 64 otras para ser nominada, es muestra de que producciones que no son de la industria tradicional también pueden llegar lejos, aunque la batalla sea más dura. En el pasado, 15 películas peruanas llegaron a la pre-nominación, pero ninguna llegó a estar entre las finalistas elegidas. Ojalá que esta experiencia, sumada además al Oso de Oro obtenido también por La Teta Asustada, refuerce la esperanza de nuestros cineastas y artistas de que sí se puede triunfar internacionalmente. Asimismo, esperemos que impulse a que el Estado peruano, que se ha caracterizado por su falta de apoyo al arte, se de cuenta de la importancia de fomentar la creatividad y el arte ya que las expresiones artísticas no solo nos unen como país si no que nos enseñan a entender al Perú de maneras distintas.
Mariana Costa