El Día del Vendedor peruano

El 29 de abril se celebra el Día del Vendedor en el Perú y a partir de esta efeméride, destaquemos el ingenio peruano. Esa cualidad que nos hace particulares a la hora de enfrentar la adversidad ante la falta de trabajo u oportunidades para salir adelante.
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Precisamente de ese ingenio surgen los vendedores de ocasión, pero ¿qué pueden tener de interesante estos personajes? Primero describamos el por qué los llamamos “vendedores ocasionales”. Ellos son personas que ofrecen, de manera ambulatoria, diversos productos según la ocasión, como el día de la madre, el día de los enamorados, en las afueras de los estadios o locales donde se realizan conciertos masivos.
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Sucesores de lo que en la Lima colonial se conocía como pregoneros o mercachifles, comerciantes de poca importancia, según definición de la Real Academia de la Lengua Española. Estos personajes ya no van recordando la hora por la exactitud con la que aparecen, ni cantando las bondades de sus productos como antaño lo hacían, sino más bien buscan la oportunidad de negocio.
Desde manualidades, flores, llaveros, tarjetas, globos, vinchas, polos, pósters y demás souvenirs, entre otras cosas, podemos encontrar en su vasta oferta. Y a diferencia de los canillitas o vendedores de golosinas, quienes en estos tiempos modernos ya cuentan con un quiosco y no dependen de fechas festivas, ellos recorren la ciudad promocionando a viva voz sus novedades.

No es difícil entonces ir a un parque y encontrar al “señor de los globos multicolores”, o a un estadio y ubicar al chico de los gorritos de arlequín con la insignia de tu club favorito, “llévelo, caserito, para que se sienta más el apoyo al equipo”, te dicen al ofrecerlo. Los buses de transporte público también son una fuente de clientes potenciales. Allí se ofrecen desde cepillos de dientes hasta herramientas básicas para el hogar y todo a precio de ganga.
Y para ser vendedor, no necesitas vestir formal y tener una cartera amplia de clientes. Más bien se debe tener ingenio, ganas de trabajar y un poco de capital para empezar. “Walter”, un joven que vende souvenirs de la selección peruana, afirma: “Este negocio tiene sus ventajas y desventajas, todo depende de cómo se desarrolle el ambiente previo al partido”, y si el equipo viene ganando, pues también eso se verá reflejado en sus ventas.
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Los conciertos musicales y las fechas religiosas tampoco son ajenas, para quienes consideran este tipo de ventas como una oportunidad de trabajo. Además así comenzaron muchas personas que ahora ostentan grandes negocios, en galerías y almacenes.
En 1997, cuando el Mercado Central del Centro de Lima era más visitado en sus afueras que en su interior, el alcalde de ese entonces, Alberto Andrade Carmona, desalojó a los ambulantes y reordenó el comercio en la zona. Ese ejemplo fue imitado en otros distritos de la ciudad y también en provincias.
Sin embargo, esto no eliminó el “oficio”, sino más bien lo reinventó, por ello la búsqueda constante de la “ocasión” para sacar adelante el negocio. Ser vendedor en el Perú, no es un trabajo fácil como muchos piensan, sea formal (grandes empresas), medianamente formal (negocios o tiendas pequeñas) o el informal (los de ocasión o ambulantes), cada cual hace su lucha día con día, pues convencer a una persona, muchas veces puede resultar una tarea complicada, sobre todo en estos tiempos donde vender no depende del carisma del vendedor o de la calidad de lo que te ofrecen, sino de cuánto está dispuesto a gastar nuestro comprador.

VENDEDORES.jpg El Comercio