Imperio Preincaico - Moche


'Mesada' a media tarde

El Brujo, yacimiento de turbulento pasado (y presente) cercano a Trujillo, no engaña. El nombre le viene de raza: estamos territorio de chamanes, de encuentros habituales para brujos y hechiceros, de 'mesadas'. En la imagen, un chaman local junto a un altar y un cactus San Pedro (de alucinógenas propiedades) minutos antes de descender al pozo ceremonial para realizar una limpieza de alma a un grupo de expectantes periodistas. J. PASTOR
'Mesada' a media tarde  

El imperio que vino del mar

La Ruta Moche propone un recorrido fascinante por la desértica costa norte de Perú, donde se mantiene viva la herencia de este gran imperio preincaico, que dominó esta tierra hace más de mil años. Oro ceremonial y leyendas que mezclan ceremonias de sacrificios humanos con ritos chamánicos en honor al dios Ai Apaec. Todo mezclado (y maridado) con el oleaje del Pacífico y la jugosa gastronomía peruana J. PASTOR
El imperio que vino del mar 


Bajo el (Cerro) Purgatorio

Túcume, complejo arqueológico próximo a Chiclayo, rezuma veteranía. 20 años de excavación desarrollada al ritmo que permitió el presupuesto: como la cíclica corriente de El Niño, alternó periodos de abundancia y (especialmente) de sequía. Hoy presume de la construcción de adobe más grande del mundo, Huaca Larga, próxima al kilómetro de longitud. J. PASTOR
Bajo el (Cerro) Purgatorio 

Adobe del siglo XX

Materiales y técnicas tradiciones se emplearon para levantar el Museo del Sitio de Túcume en 1991: las 'ramadas', a base de caña, barro, adobe y horcones de algarrobo. La fidelidad a las tradiciones lambayecanas se prolonga en la iluminación natural y abastecimiento de agua mediante un molino de viento, pero sobre todo con su compromiso social: desarrolla proyectos que implican a la comunidad en la conservación del patrimonio natural e histórico, mediante talleres que no se olvidan del desarrollo turístico sostenible en la zona. J. PASTOR
Adobe del siglo XX  

La leyenda de Ai Apaec, dios decapitador

El último hallazgo de El Brujo aguarda para estar visible en excelente estado de conservación. El presupuesto (por venir) dictaminará cuánto tiempo hace falta. La sala dedicada a Ai Apaec, dios decapitador de los Mochicas, se encuentra junto a la plataforma superior de la Huaca Cao Viejo, dentro del espacio ceremonial reservado a sacerdotes y sacrificados. Contiene valiosos bajorrelieves con representaciones de la deidad, ricamente policromados con pigmentos de origen mineral e incluso brillantina en los acabados finales. La sala, que data de los tiempos de la Señora Cao (en torno al 300 d.C), espera la llegada de fondos para ser habilitada de cara a su exposición al público.
La leyenda de Ai Apaec, dios decapitador 

Ingeniería de barro

El adobe entrelazado de los chimús, sobre una base que mezcla piedra y barro, es perfectamente visible en la fortaleza de Nik An, única visitable entre las diez que componen el complejo arqueológico de Chan Chan. Un prodigio arquitectónico que explica la maravilla de la ciudad de barro, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. J. PASTOR
Ingeniería de barro  

Anzumitos y chacanas

El milimétrico acabado de los muros de Chan Chan deslumbra durante todo el recorrido. Balaustradas perfectas en barro y bajorrelieves en frisos y grecas que combinan desde motivos geométricos a la tradicional Chacana (cruz del sur) y animales relevantes en el ideario y la iconografía chimú: pelícanos, estilizados peces y anzumitos, cruce de lobo de mar y nutria. J. PASTOR
Anzumitos y chacanas  

Élite mochica

Aunque hasta la fecha solo se ha trabajado en la Huaca de la Luna, la excavación ya resulta fascinante, pues el recorrido habilitado permite al visitante abarcar la magnitud de este gran complejo ceremonial mochica, contemporáneo de El Brujo, desde la plataforma principal de la pirámide: un eje formado por dos grandes pirámides ceremoniales que abrigan entre ambas un centro urbano donde se alojaba la élite moche. J. PASTOR
Élite mochica  

Pirámides que crecen

El recorrido desemboca en el impresionante patio central, donde se puede apreciar sobre el terreno el 'crecimiento' de las pirámides mochicas: cómo eran recubiertas cada cien años con nuevos mantos (fases) de adobe, ahora perfectamente visibles, y que oscilan entre los 1.200 y 1.800 años de antigüedad. Cada nueva fase de la pirámide era ricamente decorada con pinturas murales de vivos colores, que recogían desde las clásicas cadenas de prisioneros y representaciones del dios Ai Apaec, hasta la particular visión del cosmos del pueblo moche. J. PASTOR
Pirámides que crecen