Doña Pepa y su turrón

Durante el mes morado, los peruanos nos vemos envueltos en un torbellino de sensaciones, aromas y sabores. La fe por el Señor de los Milagros se refleja en las calles, que son desbordadas por fieles y curiosos que aprovechan para probar el tradicional turrón de Doña Pepa. Conozcamos la historia de Josefa y su arte para crear el más célebre de los dulces peruanos.
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El turrón de Doña Pepa es un dulce tradicional peruano formado por varios palitos de harina distribuidos en bloques de manera similar al juego de yenga, bañados con miel de chancaca y decorado con coloridas grageas, confites y frutos secos.
Pregoneros con historia
Durante las épocas colonial y republicana existió un oficio dedicado exclusivamente a la venta del turrón, conocido como ´turronero´ o ´turronera´, personajes que fueron plasmados en crónicas y acuarelas costumbristas de Pancho Fierro y el francés Charles Angrand.
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Los turroneros formaban parte del desfile de personajes coloniales que incluso perdura hasta nuestros días. El pregón que las turroneras de Lima antigua cantaban a viva voz era "¡Turrones! ¡Turrones! ¡Los más sabrosos turrones!". En la actualidad suelen gritar más alto con megáfono en mano para llamar la atención de los potenciales clientes. ¿Quién no ha caminado por los alrededores de la iglesia Las Nazarenas y le han invitado un trocito de turrón?
El origen del turrón
Existe más de una historia sobre el origen del turrón de Doña Pepa. Muchos investigadores han dado alcances muy significativos de su creación. En otros se narran como cuentos incompletos, casi leyendas urbanas que contaremos acompañados con un pedacito de este delicioso dulce.
La primera se refiere a una cocinera morena, casada con un señor de apellido Cobos, antiguo empleado de la Beneficencia Pública. Su verdadero nombre habría sido Josefa y era especialista en preparar piqueos, por lo que se hizo infaltable en las famosísimas corridas de la Bomba de Lima, donde deleitaba con sus sabrosos picantes. Además tenía la habilidad para elaborar sango, ñaju y chicha. Josefa inmortalizó su nombre con unos originales turrones de harina de trigo, manteca, huevo y miel.
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La segunda referencia data de fines del siglo XVIII cuando una esclava del valle de Cañete, Josefa Marmanillo, más conocida como Doña Pepa, creó que el turrón en honor al Cristo de Pachacamilla. Ella era una buena cocinera que empezó a sufrir parálisis en los brazos. Al escuchar los rumores sobre los milagros que realizaba el Cristo Moreno decidió viajar a Lima para venerar la imagen. Tanta fue su fe y devoción que se recuperó de los males que la atormentaban.
En agradecimiento preparó este colorido dulce y lo ofreció a los feligreses en cada salida que hacia el Señor de los Milagros, haciéndose conocidos como los Turrones de Doña Pepa.
Una tercera referencia habla de un virrey que organizó un concurso para premiar a quien hiciera un alimento agradable, nutritivo y que se pudiera conservar por varios días: la ganadora no fue otra que Josefa Marmanillo, por lo que su apodo ‘Doña Pepa’ quedó asociado al postre. De este relato no hemos escuchado mucho.
¿Existió Doña Pepa?
Luis Alberto Sánchez, al escribir un reportaje sobre el Señor de los Milagros en la revista "Mundial" (1921), pudo entrevistar a un limeño de pura cepa llamado Carlos Gamarra, quien le contó que sí existió Doña Pepa. Le dijo: “Doña Pepa fue una morena limeña, llamada doña Josefa de Cobos, casada con un empleado de la beneficencia. Doña Josefa era invitada a todas las fiestas criollas e inmortalizó su nombre con esos turrones maravillosos de harina de trigo, manteca, huevo y miel. Era una criolla de ley, no solo hacía turrones sino también el piqueo criollo y preparaba sango, chicha y turrón, especialmente para las corridas de toros de Lima."
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José Gálvez en su obra “Calles de Lima y meses del año” (1984) afirma que existió Doña Pepa y también que hubo un turronero limeño tan famoso como ella llamado Cubillas.
¡Qué rico turrón!
El turrón de Doña Pepa no es exclusivo de octubre, pues está presente todo el año, en los supermercados, grifos, bodeguitas, ambulantes, delivery y en la exportación de nuestros productos de alta calidad. Definitivamente el nuevo siglo es exigente y demanda mucho más a la cocina peruana.
Se han hecho demostraciones divertidas del gusto por el turrón. En octubre del 2008 se preparó en la cuarta cuadra de la avenida Tacna el turrón de Doña Pepa más grande del mundo que alcanzó 161 metros de largo y en octubre del siguiente año se superó este récord con un turrón que medía 307 metros de largo elaborado por los alumnos del Instituto de Alta Cocina D`Galia.
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Distintos escritos han afirmado la existencia de Doña Pepa y su turrón. Otros le han sumado relatos que nos divierte escuchar, pero tal vez no podamos corroborarlos. Nuestro turrón de Doña Pepa es parte de nuestra historia, tradiciones y costumbres. Disfrutemos de su sabor y de sus relatos en octubre y cuando nos provoque.
(Marleny López)
El Comercio