CAJÓN PERUANO COMO PATRIMONIO CULTURAL DE LA NACIÓN.

"EL CAJON PERUANO" ha dado sus primeros frutos y según Resolución Directoral Nacional #798, el Instituto Nacional de Cultura con fecha 02 de Agosto del 2001, de conformidad con la Ley General de amparo al patrimonio cultural de la nación, DECLARÓ AL CAJÓN PERUANO COMO PATRIMONIO CULTURAL DE LA NACIÓN.

Todo parece indicar que el cajón hace su aparición en el siglo XIX.

La historia y trayectoria del cajón del Perú “ya convertido” en instrumento musical están sumamente ligadas a la zamacueca, pues fue exportado a otros pueblos de América acompañándola. Atanasio Fuentes gran estudioso de la Lima del 800, publica alrededor de 1867: “Hemos dicho que el baile de Amancaes es la zamacueca; la orquesta para ese baile se compone de arpa y guitarra, y a estos instrumentos se agrega una especie de tambor, hecho regularmente de un cajón cuyas tablas se desclavan para que el golpe sea mas sonoro. Tocase este instrumento con las manos o con dos pedazos de caña, y es difícil formarse idea de la pericia y oído con que el negro que toca el cajón sigue el compás de la música y anima a los bailarines. Como el cajón es el alma de la orquesta, la plebe ha dado a la zamacueca el nombre de “polca de cajón”. Este párrafo nos dice claramente que se le concede al cajón una presencia protagónica. Lo sitúa en un primer plano de importancia dentro del grupo de instrumentos que acompañaba musicalmente la zamacueca a partir de la mitad del siglo XIX. La zamacueca llegó a ser popular en varios países de América del Sur, incluso se cantó y bailó en zonas de México y California durante la Fiebre del Oro.
En Lima, en el año 1870 el músico Claudio Rebagliati , menciona en una nota aclaratoria anexa a sus partituras información sobre el acompañamiento de la zamacueca sobre la base de guitarra, arpa y cajón.
En 1879 aparece la Marinera, mas tarde Baile Nacional del Perú, que es una versión con algunos cambios coreográficos y en su estructura musical de la antigua zamacueca. Sin embargo, esta sigue siendo acompañada por guitarras y cajón.
La foto mas antigua en la que se aprecia un cajón data de esta época. En el año 1895, se reunieron en el Jardín de la Exposición de Lima algunos miembros del grupo llamado “La Palizada”, hombres de diferentes edades, bohemios, criollos y que conocían bastante bien las jaranas limeñas. Allí improvisaron algunos cantos con guitarra y cajón.
Por aquel entonces, con los cajones de whisky y de frutas se hacía este instrumento musical, así como de las latas de aceite y de manteca; y las que nunca eran desperdiciadas –pues ofrecían buenos sonidos de percusión– eran las cajas o jabas que se usaban de embalaje para transportar el kerosene, insumo del alumbrado de aquella época.
Durante años el cajón acompañó las grandes fiestas repiqueteando en las marinearas. Hasta que ya en el siglo XX, a finales de los años 40, empiezan los coqueteos del cajón con el vals criollo o vals peruano. No pocos interpretes son los que se oponen a ello, pero finalmente la unión entre ambos se da: el cajón y el vals quedan ligados casi veinte años después.
Sin embargo, es el redescubrimiento de la música afroperuana , afines de los años cincuenta, que permite que el cajón se engalane como amo y señor del ritmo en la música de la costa del Perú.
En la década del 60, Victoria Santa Cruz Gamarra crea números de baile con el sólo acompañamiento del cajón, y repotencia e impulsa este instrumento, primero con su grupo Teatro y Danzas Negras del Perú, y luego con el Conjunto Nacional de Folklore. La agrupación Perú Negro lo difunde en el extranjero con sus presentaciones, en las cuales destacan piezas exclusivamente para cajón. En esta década el cajón queda asociado definitivamente al vals peruano, siendo difícil precisar quién realizó la primera grabación de un vals acompañado con él, aunque es posible que haya sido Carlos Hayre para una producción de la cantante Alicia Maguiña.
Hoy en día, en el Perú, el cajón está presente prácticamente en todos los géneros de raíz afro (lundero, landó, festejo, alcatraz, toromata, panalivio, ingá, etc.), así como también acompañando al vals peruano, a la polka criolla, al one step, al pasodoble, al tondero y a la marinera.

Asimismo, el cajón es adoptado por los habitantes costeños de origen andino y empieza a ser utilizado por ellos para reinterpretar algunos géneros “tradicionales” y crear nuevas expresiones de música popular de la ciudad. Luego, coquetea con el rock y de ahí salta a las corrientes llamadas de música fusión, World Music y música étnica, entre otras .

El cajón pertenece a la familia de los instrumentos idiofonos o auto-resonadores, o sea, todo el cuerpo del instrumento es el que suena. Son instrumentos cuyos cuerpos, de madera o metal, son duros pero con la suficiente elasticidad como para mantener un movimiento vibratorio.
El cajón es un paralelepípedo de madera con un orificio de salida en la parte posterior y que se percute generalmente por su parte delantera. Mientras que hasta hace poco tiempo el cajón era un instrumento escasamente usado fuera del Perú, en nuestro país alcanzó niveles protagónicos. Su labor no es la de un instrumento de acompañamiento monótono, sino la de un instrumento principal que matiza, acompaña y ejecuta solos.
Es impresionante observar la riqueza adaptabilidad y funcionalidad de este instrumento así como las técnicas de construcción. Eso es lo que permitió que el cajon se convierta en nuestro principal instrumento de percusión.
En ningún país del mundo el cajón echó raíces tan profundas como en el Perú. Debido a su riqueza y frecuencia de uso, a su adaptabilidad, funcionalidad, a las técnicas de construcción, al sitial que supo conquistarse entre los peruanos y sobre todo, al desarrollo que lograron los músicos de nuestra tierra en la ejecución de este instrumento, se convirtió en nuestro principal instrumento de percusión. Es notable el desarrollo rítmico que alcanzaron los afroperuanos y la difusión del cajón a la música de la costa del Perú y ahora del mundo.
Así como existe en el Perú una “historia oficial” que prácticamente excluye a los afroperuanos de la vida pasada del país, existe también una posición de no reconocimiento a los aportes de los mismos. En el caso del cajón este aporte es claro, contundente e indiscutible. El cajon es un elemento real y vital de la resistencia de los afroperuanos. Sin embargo, durante años, este instrumento estuvo presente y, con contadas excepciones, nadie se preocupó de él. 
En España el criollo instrumento costeño se ha popularizado tanto que prácticamente no existe grupo de flamenco que se respete que no lo incluya en su equipo básico.

Fue Paco de Lucía quien introdujo el cajón peruano en la Madre Patria allá por la década de los 70. Es conocida la anécdota que durante una visita al Perú el músico quedó impactado por la sonoridad y el ritmo que Caitro Soto le sacaba al instrumento.

De sus propias palabras escuchamos: "El cajón ya se ha incorporado al mundo del flamenco. En cualquier lugar donde más de tres personas hagan flamenco, ahí está presente. Es ideal para esta música porque tiene un sonido muy similar a los pasos de un bailador. Ha sido un hallazgo y un logro del cual me siento muy orgulloso", declaró en alguna oportunidad el genial músico.Hoy en día se puede decir que no hay grupo flamenco que se haga respetar y que le falte un Cajón. 

El maestro argentino Carlos Castro agrega: "Todos los percusionistas folklóricos de la Argentina, tienen dentro de su grupo de instrumentos un "CAJON PERUANO". Muchos se los han fabricado copiando instrumentos originales traidos del Perú. Doña Chabuca Granda, que visitó cientos de veces mi país (tuve el alto honor de conocerla y charlar con ella) trajo cajoneros increíbles con sus conjuntos que traspasaron sus toques a los percusionistas argentinos. Doña Chabuca misma me dijo en esa oportunidad al preguntarle yo como podía tocar al piano con estilo, un vals criollo del Perú, ella me dijo: Tócalos como a tus chacareras."

Carlos Castro también enfatiza: "Me parece maravilloso que instrumentos de distintos pueblos, sirvan para expresar la música de diferentes etnicidades. Nunca un instrumentista de mi país se atrevería a hablar de un "cajón argentino", ni llamarle "argentino" a un cuatro venezolano. Me parece maravilloso reconocer los instrumentos característicos de pueblos hermanos y darles la paternidad que se merecen, de esa manera nos reconocemos como hermanos que tenemos la misma sangre, pero que no somos la misma cosa."