«Hemos logrado que devuelvan dos niños a sus madres y trabajamos en otros once casos»


Estas dos ibicencas pretenden poner en contacto a familias que necesitan ayuda con otras que pueden ofrecerla y quieren conocer al destinatario de su solidaridad

03.05.2013 | 12:25 Responsables de la Fundación Conciencia. Ambas tienen 37 años, compartieron pupitre en La Consolación y son amigas desde entonces. En 2008 decidieron poner en marcha una fundación para ayudar en los casos y circunstancias a los que las grandes ONG no pueden llegar. Hasta ahora han logrado sus objetivos con la colaboración de su entorno próximo, pero la demanda de ayuda ha crecido y buscan nuevos apoyos.

—¿Qué lleva a alguien a montar su propia ONG? ¿No se sentían identificadas con los objetivos de las ya existentes?
—Amanda Pi: Yo empecé con una fundación contra el deterioro medioambiental. Habiendo estudiado Oceanografía me interesaban estas cuestiones y quería mejorar el entorno marino. Constituí una fundación en 1998 y desarrollamos distintos proyectos. Uno de ellos, de educación ambiental, se alargó cinco años y llegó a todos los colegios de Ibiza y Formentera. Hicimos campañas de protección costera, de limpieza de bosques y playas, de reciclaje de catalizadores… En 2008 entra Marisa, se cambia el nombre de la fundación y se amplían estatutos para incorporar los objetivos sociales. Ahora mantenemos objetivo sociales y medioambientales.
—Marisina Marí: Yo hice un voluntariado en India y tenía un dinero para emplear en proyectos sociales. Pensé que la manera de tener el control de lo que se hacía con él era sumarme a la fundación de Amanda. Colaboramos mucho con otras entidades: Cáritas, la Fundación Raíces, la Fundación por la Justicia, la conselleria de Asuntos Sociales… Pero también hay casos en los que las grandes organizaciones no tienen tanta flexibilidad como nosotras. Por ejemplo el billete que conseguimos para Flor [una mujer peruana muy enferma que no tenía medios para volver a su país]: Cruz Roja no podía ayudarla porque había obtenido la nacionalidad española, Asuntos Sociales no tenía presupuesto en ese momento y en cambio nosotras podemos ayudar a lo que creamos que es justo, necesario y bueno. Teniendo siempre cuidado porque hay gente que intenta abusar de las organizaciones y conseguir ayudas que no necesita. Siempre estudiamos los casos exhaustivamente y actuamos cuando se necesita una ayuda urgente. Hay cosas que deberían cubrir los consulados, pero se necesita un proceso largo y son aspectos de deben atenderse ya, porque después no hay tiempo. Es una de las cosas que nos gusta de tener una fundación pequeñita, nuestra: que podemos dar una ayuda cercana y directa.
—¿Por qué el nombre de Fundación conciencia?
—M. M: Por su amplitud. Abarca conciencia ecológica, social, todo lo que es ayuda. Queríamos un nombre que no limitase a unos objetivos concretos sino que permitiera cambiar en función de las necesidades de la sociedad.
—La actual Fundación nace del viaje de novios de Marisina a Calcuta. Una luna de miel como voluntarios en India no es frecuente.
—M. M: Los dos queríamos hacer un voluntariado y se hizo en el viaje de novios porque tuvimos el mes de vacaciones que daban las empresas cuando te casabas. Pensamos que estar en un resort en Santo Domingo era algo que podría hacerse en otro momento.
—En India finalmente ayudaron a que se construyera un centro de trabajo, ¿continúa su colaboración en ese país?
—M. M: Lo que hicimos fue dar el dinero para comprar el terreno y ayudamos a elaborar el proyecto, pero para la construcción consiguieron financiación por otra vía. Al estar tan lejos y no tener manera de controlar lo que allí ocurría decidimos centrarnos en cosas que nos pedían directamente y podíamos gestionar de manera más eficaz.
—La Fundación no tiene un ámbito territorial de acción y trabajan también en Perú.
—M. M: Sor Antonia, de La Consolación, nos pidió ayuda para un comedor social en Perú que había tenido que cerrar. Eran personas en las que confiábamos y generamos fondos para poder mantener ese comedor abierto y subvencionarlo durante varios años. Se han estado haciendo comidas o cenas anuales, pero este año por la situación económica no se están obteniendo tantos donativos y se llevarán a cabo otras acciones para mantener esa colaboración.
—Su ONG es aconfesional, aunque puntualmente colabore con organizaciones cristianas. ¿Ayudan a todo el que lo solicita?
—M. M: Al que justifica que lo necesita y no lo puede conseguir por otros medios. Tenemos asesoramiento de abogados que colaboran de forma altruista con nosotros. Por ejemplo, ahora tenemos el caso de una madre de Eivissa que contactó con nosotras hace poco porque le quitaron a sus tres hijos y está intentando recuperarlos. Nos impactó mucho y el lunes nos reunimos con un abogado para que examine el expediente y vea cómo podemos ayudar. En principio parece que lo que se necesitará es que esa persona consiga un trabajo y por lo tanto un piso. Así podrá recuperar a sus hijos. A las personas que vienen siempre se les atiende, se les escucha y se les intenta apoyar, pero a la hora de conceder ayuda económica buscamos un asesoramiento legal para comprobar que lo que manifiestan es cierto y recurrimos a los servicios sociales para ver si están ya recibiendo ayuda por otro lado. Cuando tenemos todo claro, se dan las ayudas.
—¿Cómo llegan hasta ustedes las personas que necesitan ayuda?
—M. M: Como Ibiza es pequeña, algunos nos conocen a través de algún amigo y muchos los derivan desde Asuntos Sociales. Si está en nuestra mano, ayudamos.
—Y a veces son ustedes las que contactan con las personas que necesitan ayuda, aunque no hayan recurrido a la Fundación.
—M. M: Sí, sobre todo en el proyecto de reagrupación familiar con el que intentamos que las familias a las que han separado de sus hijos para llevarlos a un centro de menores o a una familia de acogida puedan volver a estar juntas. Hay un foro de la asociación Aprodeme en el que madres desesperadas solicitan ayuda. Contactamos con ellas, pedimos todo el expediente y con él vemos si es un caso en el que se puede hacer algo, porque en algunos hay circunstancias que hacen muy difícil que esa familia pueda volver a estar unida ya que no es lo más beneficioso para los niños, o eso piensan los técnicos que nos asesoran. Hay otros casos en los que ha habido situaciones injustas y en esos nos involucramos y luchamos. Ya hemos conseguido en dos de ellos que devuelvan a los niños y hay otro caso en el que estamos a punto de conseguirlo.
—Se implicaron en el caso de Flor y también en el de María Dolores, que viajó a Santo Domingo para recuperar a su hijo de 18 meses. ¿Cómo se han resuelto estas historias?
—M. M.: En el caso de Flor contactaron con nosotras desde el hospital Cas Serres su médico y la trabajadora social porque iba a morir en unos días y su última voluntad era volver a ver a sus hijos, que tampoco tienen padre. En el consulado hacía falta hacer mucho papeleo y a ella le quedaban pocos días de vida según los informes médicos. Adelantamos el dinero e hicimos una rifa para recuperarlo. Ella pudo llegar a Perú con la enfermera que le acompañaba y en contra de los pronósticos ha vivido allí un mes y medio. Ahora está en estado terminal, pero tranquila porque se ha despedido de su familia y sus hijos han podido disfrutarla este tiempo. Sus hijos nos escribieron un mail agradeciéndonos que su madre muera mucho más tranquila y nos enviaron una foto de todos juntos.
—¿Y María Dolores?
—M.M: El niño estaba desamparado, en un centro de menores en otro país. Ahora ya está con su hijo. El niño muestra apego a la madre y está sonriente, es un bebé grandote.
—¿Se ha saldado ya la deuda por los billetes de estas mujeres o existen pagos pendientes?
—M. M: El de Flor se terminó de pagar con una rifa, nos falta parte del de María Dolores. Queremos hacer un torneo de pádel solidario, pero hay tantos que nos han dado fecha para octubre. Estamos intentando hacer otras cosas, pero es muy difícil la generación de fondos en actos puntuales. La gente no tiene dinero para donar y obtener subvenciones públicas es muy difícil. Nos interesaría tener donantes más habituales, que se identifiquen con lo que estamos haciendo y hagan donaciones regulares para que podamos seguir con nuestro trabajo.
—A. P: Ahora es el momento de las empresas con conciencia. Es lo que se necesita, conseguir apoyos. Sería magnífico que hubiera aportaciones regulares de empresas, porque cada día resulta más difícil reunir los fondos que se necesitan.
—¿Qué tiene que hacer alguien si quiere colaborar con esta ONG o convertirse en voluntario?
—A.P: Nuestra web está en remodelación, pero aparece una dirección de contacto. Pueden llamar al 666464646 o escribirnos a info@fundacionconciencia.org.
—¿Qué tipo de personas colaboran con la Fundación? ¿Les resulta fácil recaudar fondos?
—M.M: Como somos una fundación pequeñita y no muy conocida todavía, de momento hemos tenido suerte y hemos podido hacer todo lo que se nos ha solicitado y considerábamos necesario. Bien porque hay gente que lo ha podido financiar o porque hemos hecho rifas y eventos para generación de fondos. Pero cada vez se conoce un poco más la Fundación y estamos recibiendo más solicitudes. Supongo que llegará un momento en que, si no hay entrada de fondos, no se podrán atender. Será un momento duro el de asumir que no puedes hacer cosas que quieres hacer. Hasta ahora hemos tenido la suerte de encontrarnos por el camino a gente con muy buenas intenciones, ganas de ayudar y posibilidad económica de hacerlo, pero no podemos tirar siempre de esas personas.
—A.P: Estamos viendo que la demanda se está incrementando y pedir al círculo cercano que nos rodea ya no es suficiente. Es el momento en el que las demandas comienzan a superar las posibilidades que tenemos y por eso hacemos esa solicitud de ayuda.
—Pretenden también gestionar ayudas de familia a familia.
—M.M: Es una opción que queremos incluir en nuestra web, la ayuda directa de familia a familia. No hace mucho contactamos con una familia catalana por una cuestión de custodia. Estaban a punto de perder la casa porque solo entraba un sueldo y no era suficiente. Uno de los hijos, que es técnico informático, tenía una oferta de trabajo pero era imprescindible que tuviese carné de conducir. Le faltaban 585 euros para acabar de sacárselo. Encontramos a una familia que le prestó ese dinero, ha podido conseguir el carné, y por tanto el trabajo, y ahora está devolviendo 50 euros cada mes. Su familia mantiene la casa y compra comida hasta final de mes, que era otro de sus problemas. No querían acudir a Servicios Sociales porque cuando acudieron les retiraron a su nieto, pero la última semana del mes prácticamente no comían, tiraban de arroz y de lo que les iba quedando. Ahora tardará un año en devolver esa ayuda, pero se ha podido reorganizar la familia.
Hay gente que apadrina pero le preocupa que ese dinero luego no llegue. Con la ayuda de familia a familia les damos la opción de ponerles en contacto del modo que quieran y hasta el nivel que deseen. Que puedan ver exactamente a quién va y poder ayudar a una familia concreta. Hay tantos casos… pero no podemos atenderlos si no hay donde enviarles. Por eso pedimos familias o empresas dispuestas, en la medida de sus posibilidades, a ayudar a otras a salir adelante.
—A.P: Así pretendemos potenciar la transparencia absoluta y atajar la desconfianza hacia las ONG.
—¿Trabajan ahora directamente en otros casos en Ibiza y Formentera?
—M.M: El caso de esta madre que tiene a sus tres hijos en un centro de menores. A partir de ella hemos conocido que hay otras madres con hijos en el mismo centro en la misma situación. Algunas por sus circunstancias será difícil que los puedan recuperar, pero en otros casos uno de los motivos de la separación es el económico y si se arregla se puede reunir a la familia. Estábamos trabajando estos problemas en Cataluña y, a través de este caso, hemos encontrado la puerta de entrada en Ibiza.
—En otros lugares llevan tiempo con su cruzada de la reagrupación familiar.
—M.M: Comenzamos con una colaboración con la Fundación Raíces, a cuya presidenta conocemos. Nos pidió que ayudáramos a una mujer marroquí, que vivía en Madrid, a recuperar a su hija, ya que se la habían quitado con un año y medio. A través del consejero de Asuntos Sociales de Madrid se pudo recuperar. Tardaron tres meses en devolvérsela, pero muchísimo menos que en otros casos que llevan cinco o seis años y todavía están en proceso. Después ayudamos a otra mujer que parió a su bebé en Vizcaya y cuando fue a pedir ayuda se lo retiraron. Le pusimos en contacto con una ONG de allí que ayuda a inmigrantes para que le consiguiesen alojamiento y una vez que lo tuvo le devolvieron al niño. La voz se va corriendo, estas madres están agrupadas en foros y asociaciones y varias contactaron con nosotras. Tenemos casi todos los casos en Cataluña, pero también uno abierto en Santander y otro en Valencia. Hemos contactado con muchísimos, en algunos casos no hay nada que podamos hacer más que ofrecer apoyo moral, pero hay 11 en los que estamos interviniendo activamente.